La vuelta de las vacaciones es ya una realidad, pero, un fin de semana más, conseguir mesa en nuestros restaurantes favoritos continúa siendo una difícil tarea que requiere anticipación y mucha fortuna. ¿Cómo es posible que se mantenga la fortaleza del consumo con una crisis energética, la alta inflación y la escalada de los costes de financiación?

La clave de esta discrepancia entre la fuerte caída de la renta disponible de los hogares y un mayor consumo se explica fundamentalmente por el comportamiento del ahorro de las familias que, hasta el momento, han utilizado los excedentes acumulados durante la pandemia para continuar manteniendo sus niveles de gasto.

En Estados Unidos, donde sus hogares son los mayores consumidores del mundo —responsables del 30% del total mundial—, el colchón de sobreahorro ha sido un factor determinante en esta fortaleza del consumo. Hace ahora dos años, en su punto máximo, el exceso de ahorro llegó a representar el 10% del PIB, algo que ya se ha reducido hasta niveles cercanos al 2%. Aunque siguen siendo niveles importantes, también es cierto que su efecto será cada vez menor al estar ya muy concentrado en las rentas más altas y con menor propensión a consumir.

De todas formas, otros factores pasarán a ser más favorables y compensarán esta menor disponibilidad de ahorro: la inflación está remitiendo, el desempleo sigue cerca de mínimos y los salarios crecen al 4,4%, situándose por primera vez desde el comienzo de 2021 por encima del IPC, lo que permitirá una recuperación del poder adquisitivo de los hogares y un impulso al consumo.

El otro aspecto relevante es que, aunque los tipos de interés se encuentran en su mayor nivel desde 2006, el coste agregado de la deuda de las familias ha disminuido. Actualmente representa el 9,6% de la renta disponible frente al 12,9% que suponía en 2006. Esta menor sensibilidad a la subida de los tipos de interés se debe, por un lado, a que la gran mayoría de las hipotecas en Estados Unidos se conceden a tipos fijos, pero, sobre todo, a que los hogares estadounidenses han reducido su endeudamiento que ahora se sitúa en el 72% del PIB frente al 94% de 2006. Tendencia similar en España, donde el endeudamiento de los hogares ha bajado hasta 51% del PIB, el menor desde 2002.

El consumo privado ha sido uno de los pilares del crecimiento y seguirá mostrando resiliencia en la parte final del año, evitando que se produzca un parón en seco. Sin embargo, el grueso del exceso de ahorro ya se ha utilizado, y a medida que el incremento de los costes de financiación se vaya traspasando a la economía real y se frene la creación de empleo, difícilmente se podrá evitar un enfriamiento. Dado que los niveles de endeudamiento de los hogares son ahora menores que en el anterior ciclo de subidas de tipos, la desaceleración económica proseguirá, aunque con riesgos contenidos.

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