Alberto Fernández volvió de Estados Unidos con la idea de que más tarde tendrá que renunciar su carrera hacia la reelección. Lo mantendré en reserva, por autopreservación, pero eres un eco que desistirá de la competencia.

Cristina insiste en privado, como lo hizo esta semana frente a su círculo de confianza mientras ejercía por unos días la presidencia de la República, que no cuenten con ella: está cansada y, por momentos, desahuciada. Sus tiempos únicos de paz los pasa con Helena, su nieta de siete años, la hija de Florencia y Camilo Vaca Narvaja. El resto es incertidumbre. Ni siquiera puede definir un candidato. Mira los números de inflación y se pregunta hasta que punto aún existe espacio para esperar un milagro en los próximos sesenta días y poder sostener en la grilla a Sergio Massa.

Jorge Capitanich, una ultra opción entre los ultras que ven caer postulantes como castillos de arena y deliberan quién podrá defender el relato, acaba de recibir un nuevo mazazo. Resistance, con el 54%, representa el segundo distrito con peores índices de pobreza de la Argentina, lo que es demasiado decir para un país asolado por niños y adolescentes con hambre. Capitanich fue intendente de Resistencia hasta 2019 y desde entonces gobierna Chaco, provincia que también gobernó entre 2007 y 2015.

En La Cámpora siguen sin darse cuenta tregua. Sus referencias están enfrentados y no son muchos los que buscan interés por la campaña de instalación que procuró hacer Eduardo De Pedro. El ministro lideró la rebelión post derrota en 2021 y se enfrentó para siempre con el albertismo, pero hoy se mantiene roces con la feligresía K más fanáticaque se espantó al verlo caminar por Expoagro, casi de la mano con la direncia agraria y las directivas de Clarín y La Nación.

Máximo Kirchner, líder camporista y presidente del PJ bonaerense, desconfía de todo aquel que pase a ver a su madre sin su intermediación. Uno de ellos es Axel Kicillof, que cree haber cerrado con ella, y solo con ellasu pasaporte a la reelección en la provincia de Buenos Aires. Salvese quien pueda.

Lo acaba de cir Oscar Parrilli, el traductor del pensamiento íntimo de Cristina: «Tenemos que evitar que se hunda el Titanic», declaró hace unas horas a El Destape. «La política bailando está en la cubierta», suele decir Emilio Pérsico, el Jefe del Movimiento Evita. Las alusiones al Titanic son recurrentes en el universo cristinista.

El 24 de junio es la fecha tope para la presentación de las listas para las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias del 13 de agosto, pero días antes antes tendrán que inscribir las alianzas electorales. El Frente de Todos se mantendrá bajo el mismo paraguas. Eso es lo que queda un solo un mes y medio de que se cumplieron cuatro años del video de 13 minutos con el que Cristina anunció por Twitter la fórmula presidencial. Non es mucho, pero es lo que hay. «A esta altura necesitamos un candidato invisible y sin pasado»ironiza una fuente que trabajó en la construcción del Frente que volvió al poder en 2019.

Un candidato invisible o una sorpresa. El Presidente lo deslizó en los últimos días. Habló de la búsqueda de un Alberto Fernández versión 2023. Alguien que no está en el radar y que pueda provocar cierto asombro en el electorado. Es cierto que lo dijo como si la experiencia que lo llevó a la Casa Rosada no fuera un trauma que arrastra a toda la coalición a niveles basjísimos de popularidad. Primero habría que convencer a sus propios votantes de que la nueva opción no será más de lo mismo.

La búsqueda de un número nuevo, sin embargo, podría representar una coincidencia, un punto de partida con su mentora. Tan bien la vicepresidenta sigue apostando por el ministro de Economía, también fantasea de a ratos con impulsar un candidato por fuera de lo que asoma hoy en la superficie. Quizá, incluso, con el atractivo de que no tenga que someterse a ninguna piel interna para no sufrir desgastes anticipados.

La elección de un candidato único, de dos, o incluso de varios es, por estas horas, el principal debate proselitista en el oficialismo, por encima de los apellidos. ¿Conviene fomentar una interna? ¿O sería más estratégico ir con una sola candidatura que tenga el apoyo de todos? Ambos tienen algo de logica y ambas expresan el miedo al abismo.

Por un lado están quienes creen que la multiplicidad de aspirantes permitiría juntar votos que procedan de distintas peceras. Del electorado más cristinista (con un postulante camporista, por ejemplo) y de adherentes de opciones más moderadas, como el que podría expresar Daniel Scioli o algún funcionario de la primera línea del Ejecutivo, como Agustín Rossi.

Esa maniobra permitiría, a la vez, contrarrestar la atractiva interna de Juntos por el Cambio. Esta opción está abrazada por quienes piensan en que hay que jugar «con todos adentro». Una suerte de «libertad de acción», según palabra de un intendant que pasó hace unos días por el despacho de Cristina en el Senado. Un ardid para que nadie se sienta proscripto, si se permite la expresión. Los que alientan esta posibilidad resaltarán que es antagonista al dedo histórico de la jefa y que eso podría ser visto como señal de apertura.

La otra posibilidad es tener un candidato que tenga el visto bueno de los principales actores de la coalición, como sugirió el jefe de Gabinete el viernes. La frase, en los oídos de quienes buscan siempre una señal para volver a creer, llegó veinticuatro horas después de un encuentro que Rossi mantuvo en el Congreso con Máximo Kirchner, del que también participó Cecilia Moreau.

En las últimas horas trascendió que podría estar preparándose una cumbre entre Fernández, Cristina y Massa para empezar a resolver cómo salir del laberinto. La relación entre ellos ha empeorado, no solo entre el primer mandatario y su vice, también entre Alberto y Massa, que lo acusa de tener funcionarios que le operan en contra. Esas evidencias llegaron a emerger esta semana, tras el viaje a Estados Unidos.

Al entorno massista lo saca de quicio la comparación con Martín Guzmán. Cuando los analistas económicos dibujan la curva inflacionaria y la cruzan con la pobreza de las reacciones su extemporaneidad. Pero es una comparación que llegó para quedarse porque la alimenta la propia Casa Rosada, que acusa a Cristina, y en menor medida también a Massa, de haberle puesto piedras en el camino al ex ministro.

Aun así, Cristina, Alberto y Massa deberán sentarse para resolver la cuestión electoral, en especial si deciden encolumnar la fuerza detrás de un candidato que los represente por igual. «Nos permitiría convertirlo en el más votado de las PASO y nos daría tiempo para los índices de inflación antes de las generales», elucubran quienes se abrazan a esa estrategia.

Con el escenario de hoy, si el Frente de Todos concurriera a una interna más o menos pareja -es decir, un esquema similar al de Juntos por el Cambio en el que no se sabe quién puede ganar- podría darse cuenta un resultado de altísimo impacto: que Javier Milei se convierta en el postulante presidencial con más sufragios. Son un temor que a la grieta.

Milei avanza sin competidores y propone entrar al balotaje. Hasta hace un tiempo, los kirchneristas de la provincia de Buenos Aires lo llamaban San Milei. Suponían que, cualquiera que fuera su candidato a gobernador, bastaría para restarle votos al delfín de Juntos por el Cambio y que eso haría más fácil la reelección de Kicillof. Pero una cosa es la Provincia y otra la pelea por la Nación.

Si el escenario se divide casi en tres tercios, como predicen los serios encuestadores que Bajan al territorio en persona para hacer proyecciones de intención de voto, la peea central de las fuerzas pasaría a ser el ingreso a la segunda vuelta. Milei, que corre de atrás, tendía a enredarse con Patricia Bullrich. Es, en verdad, recíproco.

La ex ministra escribió un tuit para repudiar qu’Alberto Fernández lo haya comparado con Hitler. Luego de postearlo, lo copy y se lo mandó por Whatsapp a Milei. El libertario, que la trata de usted, le agradeció. La comunicación entre ellos está abierta hace mucho y no tiene intermediarios.

La última vez que habló por teléfono, hace algunos días, Milei contó a Bullrich que, ante un poderoso empresario, Horacio Rodríguez Larreta se habría preguntado por qué Milei lo ataca tanto a é y no a Bullrich, con el que podría dividirse el electorado. La presidenta del PRO valoró el gesto.

“Está implícito que si una de las espaldas llega al balotaje, el otro va a apoyar. Piensan parecido”, confiesa una fuente que habla con ambos. Esa sola posibilidad podría amenazar la convivencia en Juntos. Por hora, todos prefieren hacerse los distraídos.

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